Seguridad alimentaria
Más de 20.000 raciones al año. Funciona como nuestra ancla: frena la deserción escolar y mitiga el trabajo infantil, porque una familia que sabe que el almuerzo está garantizado no manda al niño a la calle a conseguirlo.
Programas
La seguridad alimentaria es el ancla: es lo que hace que una familia cruce la puerta. Una vez adentro, todo lo demás se vuelve posible: la asistencia a la escuela, el ingreso de una madre, una tarde segura.
El comedor comunitario de Las Granjas. Sirve almuerzo todos los días hábiles desde 2023, sin interrupción y sin un ingreso fijo.
Los cupos son limitados, así que la selección tiene que ser defendible. Hacemos una encuesta censo en el sector y aplicamos filtros de vulnerabilidad: condiciones de vida, entorno, ingresos del hogar, acceso a servicios y nivel educativo. Los niños que cumplen los criterios y no caben en el cupo actual pasan a lista de espera: no se olvidan.
Con franqueza: voluntarias. La fundación nunca ha tenido el respaldo económico estable para contratar una cocinera, así que los almuerzos los prepara Yuranis Morales con la ayuda de su madre, más las personas voluntarias que se suman. Esta es la parte más frágil de toda la operación, y la razón por la que una donación recurrente importa más que una donación única.
Un espacio físico adaptado a los requerimientos de un comedor comunitario: área de almacenamiento de alimentos, zona de preparación, área de lavado, zona de distribución y comedor, e instalaciones sanitarias. La planta física y los equipos están valorados en $116.326.000 COP y figuran como donación en especie en nuestra contabilidad.
Definidas en nuestro Informe Anual de Rendición de Cuentas 2025. Juntas forman lo que llamamos un escudo multidimensional: ninguna por separado resuelve la situación de un niño.
Más de 20.000 raciones al año. Funciona como nuestra ancla: frena la deserción escolar y mitiga el trabajo infantil, porque una familia que sabe que el almuerzo está garantizado no manda al niño a la calle a conseguirlo.
Incentivos directos y seguimiento social. Estar presentes en cada jornada de alimentación significa que notamos de inmediato cuando un niño deja de venir, y podemos averiguar por qué antes de que se convierta en deserción.
Formación de madres cabeza de hogar en liderazgo, derechos ciudadanos y oficios productivos. Más de 70 mujeres formadas en 2025. La meta es un hogar que ya no necesite el comedor.
Espacios lúdicos y deportivos que alejan a la juventud del riesgo del consumo de sustancias. Una tarde ocupada es un factor protector, no un lujo.
Un modelo de escucha activa donde decide la comunidad. De ahí salieron un Plan de Desarrollo Comunitario y una Red de Vocerías Comunitarias autónoma que sigue funcionando por su cuenta.
La presencia adulta constante actúa como factor disuasivo ante el abuso y convierte esquinas conocidas por la inseguridad en lugares donde el barrio se reúne. El parque de Las Granjas es el foco actual.
Convenio Solidario 649-2024 con el Ministerio del Interior. Cuatro meses, ocho actividades, 100% ejecutado. Así se ve un proyecto financiado cuando lo ejecutamos nosotros.
actividades, todas cumplidas
participantes directos
personas alcanzadas indirectamente
COP movilizados ($20M del convenio + $10M de contrapartida propia)
Urnas simbólicas y materiales pedagógicos en rondas intergeneracionales, en espacios abiertos para promover el diálogo horizontal.
Identificación de barreras y diseño de estrategias colectivas. Resultado: el acuerdo de crear una campaña educativa sobre derechos cívicos y una red formal entre líderes.
Simulación de intervenciones en Juntas de Acción Comunal e introducción al activismo digital, con inclusión explícita de mujeres, jóvenes y población LGBTI+.
Usados como evaluación participativa: consolidar lo aprendido y fortalecer la red de apoyo mutuo.
El 80% de los encuestados se comprometió a participar en al menos un mecanismo cívico formal: una veeduría o una junta de acción comunal.
Herramientas prácticas de incidencia —redacción de derechos de petición, simulación de consejos de planeación— que culminaron en el diseño participativo de un Plan de Desarrollo Comunitario.
El plan se ajustó en tiempo real: al detectar baja alfabetización digital, priorizamos lo básico, y los participantes terminaron capaces de usar el celular para algo más que llamadas.
Actividad de cierre, de la que salió el «Espacio para Tomar Café y Dialogar», una metodología que hoy usamos en todo nuestro trabajo para construir confianza antes que cualquier otra cosa.
Los proyectos financiados se acaban. Lo que importa es lo que queda. Este dejó una Red de Vocerías Comunitarias autoorganizada, un Plan de Desarrollo Comunitario escrito por el propio barrio, un acuerdo de difusión con un medio local y mujeres que hoy hacen parte de veedurías. Nada de eso necesitó más financiación para continuar.
Sostén el comedor
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